-Sábado 5 de Febrero de 2040-
Recorría las avenidas en mi vieja patrulla -un bocho del 95, altamente modificado que pese a su vejez, andaba como nuevo.
Hacía tanto frío que maldije el momento en el cual ignoré a mi esposa cuando decía "Abrígate dijeron en las noticias que bajaría la temperatura", yo le respondía con un beso en los labios y un "Te amo, nos vemos al rato" antes de salir por la puerta.
"Unidad 37, respondan" -escuché la voz de Luckia por la radio.
"Aquí unidad 37, cambio" -respondí con una sonrisa, normalmente me llamaban cuando había una emergencia o para avisarme que podía retirarme a mi casa, rogaba porque fuera la última, anhelaba por estar entre los brazos de Aïnye esa noche.
"Tenemos un 38-9 en la Avenida Central" -suspiré derrotado -"Cambio"
"Estoy en camino, cambio" -aumenté la velocidad y prendí la radio -de la misma manera que siempre lo hacía cuando había un 38-9, esos casos eran los más difíciles, más cuando las víctimas eran niños y adolescentes.
Me tomó cinco minutos para llegar a la escena del crimen, el cordón amarillo marcaba mi destino, noté con curiosidad la cantidad de policías que rodeaban el área.
"Detective Trenkins" -escuché la voz de mi antiguo compañero.
"Sargento DeVas" -le dí media sonrisa -"Pensé que se encontraba de vacaciones"
"Encontraba, tiempo pasado"
"¿Qué es lo que está pasando?" -pregunté tras unos segundos de silencio -"Sé que es un 38-9, pero..."
"Caucásica, 17 años" -me tensé al escuchar la edad -"Fue encontrada tirada a la mitad de la calle, no ID, ropa desgarrada y se encuentra como ida, grita cada vez que algún oficial se le acerca" -eso llamó mi atención -"Por eso te llamamos"
Negué con la cabeza y un suspiro salió de mis labios, tras dos gobiernos de Peña Nieto, las mujeres en la fuerza de policía disminuyó considerablemente, ahora sólo quedaban unas dos o tres por unidad -yo había corrido con suerte dado a mis hallazgos y habilidades.
"Llévame con ella" -le indiqué y comencé a caminar, sin importar si me seguía o no.
Caminamos unos 10 metros y, mientras me acercaba, en las sombras pude notar la figura de una mujer -no, una joven, temblando de frío -o eso deduje.
"Hola, soy la detective Luca Trenkins" -dije suavemente, acercándome a ella con paso lento pero seguro -"¿Cuál es tu nombre?"
Ella negaba con la cabeza, sus brazos cubriendo su débil cuerpo -"No se acerque"-repetía una y otra vez
"Sólo quiero ayudarte"-le mostré mis manos-"Mira, no te haré daño"-traté de sonreír, lo cual era muy difícil, ya que no paraba de imaginar a mi hija en su situación -negué con la cabeza. este no era momento para sentimentalismos ni miedos, esa niña necesitaba mi ayuda.
"¡No se acerque!"- gritó cuando me paré frente a ella -"¡Ellos harán que le haga daño"
"¿Quiénes son ellos?"-pregunté con curiosidad, mientras notaba los moretones que adornaban sus brazos, señal de que se había defendido.
"Los aliens"-dijo con los ojos abiertos a más no poder -"Ellos me controlan"
"¿Cómo te controlan?"
"Primero me soplaron un beso y luego tomaron mi cerebro"
"Acércate"-abrí mis brazos -"Sé que no me harás daño"
Lo pensó por un momento antes de aventarse a mis brazos y romper en llanto; el sargento DeVas se acercó y nos miró con curiosidad.
"Aliento del diablo"-contesté a sus pregunta silencio y luego volví mi vista a la joven -"Tenemos que llevarla al hospital, no sabemos la extensión del daño que ha causado"
"¿Cómo supiste que el estado en que se encuentra fue causado por el 'Aliento del Diablo'?"-cuestionó un oficial.
"Mira sus brazos, a menos de que haya sido luchadora profesional en otra vida, es imposible que haya bloqueado tantos golpes; luego está el hecho que anda como ida y por último, le soplaron un beso."
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