Me dirigí a las afueras de la ciudad, buscando un bar en el cual ahogar mis penas y obtener ese valor líquido que tanto necesitaba; el elegido fue el bar localizado al final de la calle, el cual tenía una fachada que indicaba la antigüedad del lugar y, si la falta de carros estacionados era una indicación, estaba prácticamente vacío.
Con paso seguro caminé por las puertas del lugar y entrecerré mis ojos al ser golpeado por el humo de cigarro y el olor a muerte; me senté en la barra y le pedí al cantinero su bebida más fuerte, tomé mi cabeza entre mis manos y me puse a esperar.
Pasaron los segundos -que pudieron haber sido horas- cuando un hombre alto, guapo y con un traje Armani -o alguna de esa marca que nunca pude (ni podré) costear- se sentó a mi lado y puso su tarjeta de crédito sobre la barra.
Suspiró y sentí cómo me miraba, como si quisiera decirme algo pero no tenía el valor para hacerlo; le regalé media sonrisa y eso fue todo lo que necesitó para que la lengua se le soltara.
-Mi vida apesta- comentó y de inmediato pude darme cuenta del estado de ebriedad en el que se encontraba.
Llegó mi bebida y estuve a punto de responderle con un comentario sarcástico pero él continuó hablando.
-Uno podría pensar que un hombre alto, guapo, exitoso y rico como yo- rodé los ojos ante su 'humildad' -tendría la vida fácil, sencilla...servida en bandeja de oro, ¿sabes a lo que me refiero?- me observó por unos segundos, se quitó su saco y lo puso sobre mis hombros -Parecía que tenías frío- se alzó de hombros y le pidió al cantinero una bebida cuyo nombre no puedo pronunciar a pesar de que lo escuche varias veces durante toda la noche.
-Como te venía diciendo...- volvió a hablar y gruñí por lo bajo.
Tras pensarlo por varios segundos, decidí que siendo el último día de mi vida debería e hacer al menos una bueno acción, y si esa buena acción era escuchar a este estúpido ricachón...
-Yo no la tengo fácil, desde pequeño decidí que la clave de la felicidad era el dinero, por lo que estudiaba y trabajaba a todas horas, pasaron los años y conocí a mi pareja, la cual me engaño con mi mejor amigo porque 'ya no le prestaba atención' y 'nunca estaba en casa'- resopló y se acabó su bebida de un solo trago -Le di todo lo que tenía a mi alcance, no le importaba que pasara largas horas en la oficina siempre y cuando su tarjeta de crédito estuviera llena de dinero" negó con la cabeza y la apoyó en mi hombro, fruncí el ceño y me tensé pero él decidió ignorar mi reacción y continuó hablando -Mi padre murió cuando era niño y mi madre era como si combinaras a Medusa con la tipa que tiene serpientes en la cabeza- al parecer el alcohol ya había afectado su cerebro- y me trataba como si fuese una mina de plata...¡que dijo de plata, de diamantes! Yo solo quería hacer algo bueno en mi vida y en la de los demás- comenzó a llorar -Podría haberme lanzado desde mi oficina en el 36° pido pero no lo hice...¿sabes por qué? Porque estaba pensando en ti amigo- me abrazó y yo quedé petrificado.
Amigo...nunca antes había sido el amigo de alguien.
Tomé aire para impedir que las lágrimas salieran.
-Que bueno que no lo hiciste- hablé por primera vez desde que se sentó a mi lado -No sé que hubiera hecho sin ti, amigo mío...
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